28 ago. 2012

Sense tu, res.

Acariciaba mis mejillas mientras hacía el intento de secar mis lágrimas, de detenerlas. Supongo que le dolía verme llorar. Nunca había logrado acostumbrarse a mi días malos, a las madrugadas entre suspiros y lamentos, no le sentaban demasiado bien a él tampoco. Procuraba entenderme y ayudarme, lo sé, pero nada era fácil en ningún sentido. Algo llamado amor tiraba y tensaba la cuerda entre seguir conmigo o darse por vencido, eso fue lo que lo mantuvo ahí hasta aquel último momento, estoy segura. Al final decidió partir, aunque en realidad creo que hace tiempo que el corazón se lo pedía a gritos. Tuve que dejarle marchar, por mi y por él.  Por los dos y por lo que algún día fuimos. Por todo lo que un día conseguimos y compartimos juntos. Tuve que aceptar que debía marcharse, que era lo mejor para los dos. Sabía que intentaba estar a mi lado a pesar del dolor. Él dejaba de lado todo su sufrimiento por verme sonreír, por no verme llorar. Me vi en su mirada en el último te quiero. Entendí que nuestros caminos hacía tiempo que se habían separado, y que él debía seguir su camino como yo el mío, separados. Noté la angustia y el dolor del corazón roto. Vi en su mirada la desesperación por no poder calmar mis lágrimas. Sentí su impotencia y la mía, por haber dicho la palabra equivocada en el momento equivocado. Por no poder dar marcha atrás y volver a aquel momento, los dos tumbados sobre el colchón, abrazados, sin decir palabra alguna, simplemente hablando con la mirada. Pude oír mi corazón pidiéndome a gritos que diera la vuelta y le impidiese marchar, pero también pude oír como mi cabeza rechazaba esa petición, no era justo causarle más dolor. Siempre supe que algún día tendría que irse, pero intentaba que fuera lo más tarde posible, supongo que no bastaba sólo con querernos, que hacía falta algo más. No fuiste la persona equivocada, fuiste la persona correcta en el momento equivocado..

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