4 abr. 2014

Contigo, pero sin ti.

Me voy. No quiero hacerlo, pero lo haré. Y si lo hago es porque sé que estarás mejor sin mi, porque yo no puedo aportar a tu vida todo lo que tú a la mía.

Me voy porque ya no puedo hacerte feliz. 

Ya lo sé, no quieres que me vaya. Pero déjame libre, pronto lo entenderás. Prefiero ser cobarde y huir que ver como marchas tú. Mejor irme sabiendo que quiero quedarme a soportar como te vas porque ya no quieres más. Ni de mí, ni de nosotros, ni de nada en lo que entre yo. 

Por favor, no dejes de rogarme que me quede. No te haré caso, pero me iré sabiendo que querías que me quedara. Y entonces me creeré aun más valiente. 

Valiente, como si huir no fuese de cobardes.

Hoy te dejo porque dentro de mí algo me dice que te irá mejor. Ya no puedo más, me has dado miles de momentos de felicidad e instantes que me han dejado sin aliento. Por eso me voy, porque no veo el mismo brillo en tus ojos. 

Me marcho, para siempre, porque sé que si seguimos juntos terminaremos haciéndonos daño. Y yo no quiero eso para ti. No quiero para ti alguien como yo.

Dolerá, pero podrás. Como David pudo con Goliat.

Tú eres el gigante, y yo tan sólo una cobarde. 
Tú olvídame, que de quererte ya me encargo yo.